miércoles, 30 de agosto de 2017

Lamento en la oscuridad.

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(Imagen de google imagenes)
Prólogo
¿Qué puedes hacer cuando tu existencia, bienestar físico y mental es amenazado por algo que supuestamente no existe? ¿Qué puedes hacer cuando te atreves a pedir ayuda te pueden tomar por un loco? Pero hay verdades que parecen mentiras. Tan hermoso como un ángel, tan cruel como un demonio, una maldición envuelto en papel de ensueño.
En sus más oscura imaginaciones nunca cruzo por su castaña cabeza que sería víctima de los deseos de algo, que aunque parecía simplemente un hombre misterioso, era mucho más que eso. Cada día para Kira será un reto, pero con sentimiento de  castigo.
Una relación manchada por el dolor, la ansiedad, heridas mentales como físicas y la obsesión que puede destruir a aquello del que es objeto. Esta no es una clásica historia de amor.

"Nos prometieron que los sueños podrían volverse realidad. Pero se les olvidó mencionar que las pesadillas también son sueños"  Oscar Wilde



Capítulo 1. Tú bajo la lluvia.
     Kira Kyle estaba trotando en la mañana, como lo hacía tres veces cada semana, el sol golpeaba su cara, a ella aquello no le molestaba, a esas horas de la mañana el calor era tenue sobre su piel algo bronceada por no huir de los rayos de sol, eso, en su parecer le inyectaba energía suficiente para continuar su día. Ve en su camino a una niña pequeña con un uniforme escolar, y sin saber por qué motivo, ya que siempre ve un montón de niñas en su recorrido, se detiene al tener un inocente recuerdo que irrumpe en su mente como una pequeña roca rompiendo la superficie de un lago; recordó cuando ella misma tenía esa edad, sus sueños infantiles, sueños rosa, ella deseaba conocer algún día a un hombre parecido a los príncipes de los cuentos de hadas, que él fuera realmente especial y que moviera su mundo completamente, que hiciera cosas que ningún otro hombre haría. Kira se rio y movió su cabeza a los lados al pensar las tonterías de la niñez. Sigue trotando, pero sin saber la razón, sintiendo un pálpito del tipo inquietante.
En algún otro lugar de Herrialderiik, el país de la justicia como sus decía en su escudo nacional, un  hombre en su soledad, en una terraza, solo podía escuchar la voz de sus pensamientos, que muy a su pesar, aún le faltaba aprender a callarlos. ¿Qué es la vida sino un respirar antes de la muerte? Un transitar acompañado de dolores y placeres, recuerdos vergonzosos y agradables, bailes animados, música de jazz o una caminata con la marcha fúnebre en el fondo, la ambientación de un triste vida a un triste final; una película en tu mente que no importa cuán hermosa sea, se pudrirá al final con tú cuerpo. Tus recuerdos se desvanecerán y serán devorados por los gusanos o devorados por el fuego, depende como  sea tu despedida en este mundo.
Pero cuando tú has respirado tanto tiempo que estar aquí en la tierra con temporadas de hedonista, regocijándote en tu propia porquería, se vuelve tan fastidioso. Todo y nada llega a tener el mismo significado, porque ante la indiferencia todo tiene el mismo peso. Una pluma que se deja llevar por el viento, no por el sentido de libertad, sino porque no hay ninguna dirección correcta o incorrecta. Simplemente no hay dirección. A veces, solamente no puedo negar el vacío, puedo tratar de cubrirlo con mi éxtasis, pero yo sé que el vacío esta punzante en mi pecho. Aunque a veces lo mando al demonio.
   Nunca he sabido que es esa cosa que llaman amor, las personas parecen buscarlo, pero casi nadie lo atrapa en sus manos ¿Por qué mis padres han permanecido estos tiempos juntos? ¿Qué es lo que hace que quieras amarrarte voluntariamente a alguien? Simplemente no lo entiendo. Me estorba cuando los demás me rodean, casi todo el mundo me disgusta, prefiero estar solo. Pero también la soledad te obliga a profundizar  en que sientes que algo te falta, y no tienes idea que es aquello que no está. Ya no quiero pensar en nada, Quiero distraerme. Ahora acabo de ver una mujer joven de cabello largo y rubio, uñas acrílicas, pestañas postizas, blusa con escote pronunciado, mostrando una parte apreciable de sus voluptuosos pechos, falda corta  de color negra, muy corta diría yo, un poco más arriba y podías verle “lo que había en su  interior"  que contrarrestaba con su blanca y aparente suave piel, zapatos de tacón  para completar el vestuario. Se aleja de sus amigas, parece que espera la llegada del taxi que ella acaba de llamar. En otro tiempo se hubiera pensado que alguien así era una prostituta, pero en esta época esa ropa es normal. Los tiempos cambian, eso lo sé muy bien. El tiempo continua corriendo y dentro de algunas horas amanecerá.

Primeros días de enero. Comienza un nuevo año. Ellos tienen expectativas y sueños, esperando que las cosas sean mejores este año, viajar, conocer gente, aprender más cosas en esta vida que parece es tan corta, para ellos, a veces parece burlarse ante el infortunio de esta gente. Algunos sienten que es una nueva oportunidad para cambiar, para mejorar, para enmendar ciertas cosas, la sensación de un amanecer dorado, estas personas aún son tan jóvenes, posiblemente sus almas no han sido tocadas por la frustración y ver como sus sueños son como hadas que revolotean a su lado, pero cuando las quieren alcanzar se ríen de en su cara traviesamente  y se alejan, no importa si corren, ellas se van perdiendo a la distancia y quedan mirando hasta que se esfuman completamente como un sueño. He observado muchos terminar así. Tantos que parecen ser solo repeticiones en el tiempo.
*Un mes después….
Aquella tarde era un poco húmeda, la gente en las calles usaba sus chalecos y abrigos en el turbio día, conociendo el clima se sabía que iba a volverse un poco más frío al pasar de las horas y posiblemente llovería con ímpetu. En alguna habitación, suena de forma estridente un despertador purpura en forma de corazón y números rojos, el reconfortante dormir de alguien es interrumpido, una mano busca el origen del molesto ruido y, tras varios intentos lo encuentra y cesa el fastidio. “Otros 5 minutitos más…” Sabía que no iba a poder seguir durmiendo por poseedora de un sueño ligero, pero su cama estaba tibia, muy cómoda para dejarla, ahora se preguntaba porque  había programado su despertador, para luego recordar que, si ella no cenaba muy posiblemente se levantaría a media noche a buscar comida, posiblemente la sacaría de la nevera, sin calentarla en el horno microondas se la comería, después por ello tendría un fastidioso dolor de estómago. Era mejor despertarse para cenar.
 Se abrió la puerta de su habitación, la falta de aceite en las bisagras era evidente, el chirriante sonido metálico que te situaba en estado de alerta y erizar los vellos del cuerpo ante la quietud de la estancia, por supuesto, si de antemano estabas bajo algún tipo de estrés. Ella se acurrucó más en las sabanas mientras las pisadas sonaban cada vez más cercanas y un hombre en sus cuarenta y tantos, con barba de tres días, camisa a cuadros, pantalones de mezclilla desgastados se acercaba con un gesto curioso hacia  la cama.

     Kira, –dijo con voz suave– has dormido mucho este día, eso es algo que no acostumbras a hacer, escuché que sonó tu alarma. Levántate y aséate para que vayas a cenar. –Se retira de la habitación tranquilamente.
La muchacha retira las sabanas celestes sobre su cuerpo al escuchar que se cierra la puerta, revelando de bajo de ellas un físico largo y torneado, piel trigueña, como la arena de la playa, unas piernas largas en unos pantalones de pijama cortos amarillo y unas manos poseedoras de dedos largos, delgados y gráciles  como si fueran hechas para un pianista, ella tocaban con una mano su propio rostro de  manera descuidada, pasando sus uñas alargadas de forma oval sobre su nuca, para después llevarlas a su cabeza y alborotarse aún más el corto cabello que no lograba cubrirle completamente las orejas y éste se levantaba hacia arriba, otorgándole una apariencia algo graciosa con ese intento de maraña castaña.
   ¿Ya es tan tarde? ¿Realmente he dormido tanto? – dijo mirando con los ojos entre cerrados a la venta de la cual colgaban cortinas gruesas verdes como el pasto de los campos que visitaba en su infancia, que mostraba entre ellas el panorama de aquel momento, un anuncio prolongado de la despedida de un astro. –No he podido dormir bien –murmura mientras que restriega la palma de sus manos en sus ojos adormilados– debo aprovechar mi descanso antes de volver a trabajar –Frunce los labios, mira el despertador y piensa en lo rápido que pasa el tiempo, como un suspiro, que sólo pesa cuando miramos hacia atrás, mientras nos desmoronamos cada vez un poco más, alejándonos de quienes alguna vez fuimos. Posiblemente mañana a esta hora estaría comunicándose a través de mensajes con su querido amigo, pues éste le había advertido con seguridad que mañana así lo haría.
Después de haberse aseado debidamente, va a la mesa para tomar la cena. Los platos ya estaban en su lugar, la comida humeante recién hecha, apetecible, voluminosa, rogaba ser consumida con inmediatez, por la ventana de la sala podía visualizarse que la oscuridad estaba instalándose en lo que antes era anaranjado y violáceo, lentamente estaba la oscuridad reclamando el lugar que le pertenecía a esas horas, acentuando aún más el frío de aquel día que anunciaba algo, pero nadie podía oírlo, nadie podía verlo  o sentirlo. Estaba rodeándolos, estaba muy cerca, pero nadie lo imaginaba.
Cenaron en un profundo silencio, en el cual se pudo haber escuchado el batir de las alas de una mosca, en el caso que hubiera alguna volando en esos momentos cerca de la mesa. Pero no era un silencio incómodo, al contrario, era un ambiente cálido y confortante, muchas veces no se necesitan palabras para que una reunión sea agradable, basta que el acompañante sea alguien que te sientas cómodo, las palabras se vuelven un adorno innecesario. En algún momento los ojos de la joven se posaron en una fotografía que estaba en el estante, que rememoraba ciertos detalles de aquella mujer que alguna vez vivió con ellos. Allí se veía una mujer de rostro redondeado, cabello largo y castaño claro, pestañas largas, nariz respingada, piel de apariencia suave y amable semblante.  Era innegable que Kira se parecía muchísimo a su madre, aunque, las diferenciaba que ella tenía el cabello corto y castaño oscuro, su piel era de una tonalidad un  poco más oscura y Kira era varios centímetros más alta. Sus ojos reflejaron perdida al rememorar que su querida madre hacía tiempo se había ido y los había dejado a ellos atrás.
   Mamá era tan hermosa – dijo casi como un suspiro, recordando a aquella mujer que tanto la amó y que vivirá para siempre en sus recuerdos.
   Sí. Ella lo era. –dijo el hombre con una triste sonrisa– Pero ella es un ángel más en el cielo –mira al techo raso de color beige carcomido por el paso de los años, queriendo  confirmar lo anteriormente dicho y recordando la forma de ser de aquella buena mujer en vida, la única mujer que ha amado, además de su propia madre y su hija. -Eres tan parecida a ella -dijo él mientras que  sonreía mirando a la muchacha- Si tú también te hubieras con ese accidente, yo….
El hombre deja  de hablar y cambia su expresión triste a una más reconfortante “Gracias a Dios no fue así”.

*Esto es una parte del capitulo 1.
Gracias a las personas que han leído esto.