Lamento en la oscuridad.

(Imagen de google imagenes)
Prólogo
¿Qué
puedes hacer cuando tu existencia, bienestar físico y mental es amenazado por
algo que supuestamente no existe? ¿Qué puedes hacer cuando te atreves a pedir
ayuda te pueden tomar por un loco? Pero hay verdades que parecen mentiras. Tan
hermoso como un ángel, tan cruel como un demonio, una maldición envuelto en
papel de ensueño.
En
sus más oscura imaginaciones nunca cruzo por su castaña cabeza que sería
víctima de los deseos de algo, que aunque parecía simplemente un hombre
misterioso, era mucho más que eso. Cada día para Kira será un reto, pero con
sentimiento de castigo.
Una
relación manchada por el dolor, la ansiedad, heridas mentales como físicas y la
obsesión que puede destruir a aquello del que es objeto. Esta no es una clásica
historia de amor.
"Nos
prometieron que los sueños podrían volverse realidad. Pero se les olvidó
mencionar que las pesadillas también son sueños" Oscar Wilde
Capítulo 1. Tú bajo la
lluvia.
Kira
Kyle estaba trotando en la mañana, como lo hacía tres veces cada semana, el sol
golpeaba su cara, a ella aquello no le molestaba, a esas horas de la mañana el
calor era tenue sobre su piel algo bronceada por no huir de los rayos de sol,
eso, en su parecer le inyectaba energía suficiente para continuar su día. Ve en
su camino a una niña pequeña con un uniforme escolar, y sin saber por qué
motivo, ya que siempre ve un montón de niñas en su recorrido, se detiene al
tener un inocente recuerdo que irrumpe en su mente como una pequeña roca rompiendo
la superficie de un lago; recordó cuando ella misma tenía esa edad, sus sueños
infantiles, sueños rosa, ella deseaba conocer algún día a un hombre parecido a
los príncipes de los cuentos de hadas, que él fuera realmente especial y que
moviera su mundo completamente, que hiciera cosas que ningún otro hombre haría.
Kira se rio y movió su cabeza a los lados al pensar las tonterías de la niñez.
Sigue trotando, pero sin saber la razón, sintiendo un pálpito del tipo
inquietante.
En
algún otro lugar de Herrialderiik, el país de la justicia como sus decía en su
escudo nacional, un hombre en su soledad,
en una terraza, solo podía escuchar la voz de sus pensamientos, que muy a su
pesar, aún le faltaba aprender a callarlos. ¿Qué
es la vida sino un respirar antes de la muerte? Un transitar acompañado de
dolores y placeres, recuerdos vergonzosos y agradables, bailes animados, música
de jazz o una caminata con la marcha fúnebre en el fondo, la ambientación de un
triste vida a un triste final; una película en tu mente que no importa cuán
hermosa sea, se pudrirá al final con tú cuerpo. Tus recuerdos se desvanecerán y
serán devorados por los gusanos o devorados por el fuego, depende como sea tu despedida en este mundo.
Pero cuando tú has
respirado tanto tiempo que estar aquí en la tierra con temporadas de hedonista,
regocijándote en tu propia porquería, se vuelve tan fastidioso. Todo y nada
llega a tener el mismo significado, porque ante la indiferencia todo tiene el
mismo peso. Una pluma que se deja llevar por el viento, no por el sentido de
libertad, sino porque no hay ninguna dirección correcta o incorrecta.
Simplemente no hay dirección. A veces, solamente no puedo negar el vacío, puedo
tratar de cubrirlo con mi éxtasis, pero yo sé que el vacío esta punzante en mi
pecho. Aunque a veces lo mando al demonio.
Nunca he sabido que es esa cosa que llaman
amor, las personas parecen buscarlo, pero casi nadie lo atrapa en sus manos
¿Por qué mis padres han permanecido estos tiempos juntos? ¿Qué es lo que hace
que quieras amarrarte voluntariamente a alguien? Simplemente no lo entiendo. Me
estorba cuando los demás me rodean, casi todo el mundo me disgusta, prefiero
estar solo. Pero también la soledad te obliga a profundizar en que sientes que algo te falta, y no tienes
idea que es aquello que no está. Ya no quiero pensar en nada, Quiero
distraerme. Ahora acabo de ver una mujer joven de cabello largo y rubio, uñas
acrílicas, pestañas postizas, blusa con escote pronunciado, mostrando una parte
apreciable de sus voluptuosos pechos, falda corta de color negra, muy corta diría yo, un poco
más arriba y podías verle “lo que había en su
interior" que contrarrestaba
con su blanca y aparente suave piel, zapatos de tacón para completar el vestuario. Se aleja de sus
amigas, parece que espera la llegada del taxi que ella acaba de llamar. En otro
tiempo se hubiera pensado que alguien así era una prostituta, pero en esta
época esa ropa es normal. Los tiempos cambian, eso lo sé muy bien. El tiempo
continua corriendo y dentro de algunas horas amanecerá.
Primeros días de enero.
Comienza un nuevo año. Ellos tienen expectativas y sueños, esperando que las
cosas sean mejores este año, viajar, conocer gente, aprender más cosas en esta
vida que parece es tan corta, para ellos, a veces parece burlarse ante el
infortunio de esta gente. Algunos sienten que es una nueva oportunidad para
cambiar, para mejorar, para enmendar ciertas cosas, la sensación de un amanecer
dorado, estas personas aún son tan jóvenes, posiblemente sus almas no han sido
tocadas por la frustración y ver como sus sueños son como hadas que revolotean
a su lado, pero cuando las quieren alcanzar se ríen de en su cara
traviesamente y se alejan, no importa si
corren, ellas se van perdiendo a la distancia y quedan mirando hasta que se
esfuman completamente como un sueño. He observado muchos terminar así. Tantos
que parecen ser solo repeticiones en el tiempo.
*Un
mes después….
Aquella
tarde era un poco húmeda, la gente en las calles usaba sus chalecos y abrigos
en el turbio día, conociendo el clima se sabía que iba a volverse un poco más
frío al pasar de las horas y posiblemente llovería con ímpetu. En alguna
habitación, suena de forma estridente un despertador purpura en forma de
corazón y números rojos, el reconfortante dormir de alguien es interrumpido,
una mano busca el origen del molesto ruido y, tras varios intentos lo encuentra
y cesa el fastidio. “Otros 5 minutitos más…” Sabía que no iba a poder seguir
durmiendo por poseedora de un sueño ligero, pero su cama estaba tibia, muy
cómoda para dejarla, ahora se preguntaba porque había programado su despertador, para luego
recordar que, si ella no cenaba muy posiblemente se levantaría a media noche a
buscar comida, posiblemente la sacaría de la nevera, sin calentarla en el horno
microondas se la comería, después por ello tendría un fastidioso dolor de
estómago. Era mejor despertarse para cenar.
Se abrió la puerta de su habitación, la falta
de aceite en las bisagras era evidente, el chirriante sonido metálico que te
situaba en estado de alerta y erizar los vellos del cuerpo ante la quietud de
la estancia, por supuesto, si de antemano estabas bajo algún tipo de estrés.
Ella se acurrucó más en las sabanas mientras las pisadas sonaban cada vez más
cercanas y un hombre en sus cuarenta y tantos, con barba de tres días, camisa a
cuadros, pantalones de mezclilla desgastados se acercaba con un gesto curioso
hacia la cama.
– Kira,
–dijo con voz suave– has dormido mucho este día, eso es algo que no acostumbras
a hacer, escuché que sonó tu alarma. Levántate y aséate para que vayas a cenar.
–Se retira de la habitación tranquilamente.
La muchacha retira las sabanas celestes sobre su cuerpo al escuchar que se cierra la puerta, revelando de bajo de ellas un físico largo y torneado, piel trigueña, como la arena de la playa, unas piernas largas en unos pantalones de pijama cortos amarillo y unas manos poseedoras de dedos largos, delgados y gráciles como si fueran hechas para un pianista, ella tocaban con una mano su propio rostro de manera descuidada, pasando sus uñas alargadas de forma oval sobre su nuca, para después llevarlas a su cabeza y alborotarse aún más el corto cabello que no lograba cubrirle completamente las orejas y éste se levantaba hacia arriba, otorgándole una apariencia algo graciosa con ese intento de maraña castaña.
La muchacha retira las sabanas celestes sobre su cuerpo al escuchar que se cierra la puerta, revelando de bajo de ellas un físico largo y torneado, piel trigueña, como la arena de la playa, unas piernas largas en unos pantalones de pijama cortos amarillo y unas manos poseedoras de dedos largos, delgados y gráciles como si fueran hechas para un pianista, ella tocaban con una mano su propio rostro de manera descuidada, pasando sus uñas alargadas de forma oval sobre su nuca, para después llevarlas a su cabeza y alborotarse aún más el corto cabello que no lograba cubrirle completamente las orejas y éste se levantaba hacia arriba, otorgándole una apariencia algo graciosa con ese intento de maraña castaña.
— ¿Ya
es tan tarde? ¿Realmente he dormido tanto? – dijo mirando con los ojos entre
cerrados a la venta de la cual colgaban cortinas gruesas verdes como el pasto
de los campos que visitaba en su infancia, que mostraba entre ellas el panorama
de aquel momento, un anuncio prolongado de la despedida de un astro. –No he
podido dormir bien –murmura mientras que restriega la palma de sus manos en sus
ojos adormilados– debo aprovechar mi descanso antes de volver a trabajar
–Frunce los labios, mira el despertador y piensa en lo rápido que pasa el
tiempo, como un suspiro, que sólo pesa cuando miramos hacia atrás, mientras nos
desmoronamos cada vez un poco más, alejándonos de quienes alguna vez fuimos.
Posiblemente mañana a esta hora estaría comunicándose a través de mensajes con
su querido amigo, pues éste le había advertido con seguridad que mañana así lo haría.
Después
de haberse aseado debidamente, va a la mesa para tomar la cena. Los platos ya
estaban en su lugar, la comida humeante recién hecha, apetecible, voluminosa,
rogaba ser consumida con inmediatez, por la ventana de la sala podía
visualizarse que la oscuridad estaba instalándose en lo que antes era
anaranjado y violáceo, lentamente estaba la oscuridad reclamando el lugar que
le pertenecía a esas horas, acentuando aún más el frío de aquel día que
anunciaba algo, pero nadie podía oírlo, nadie podía verlo o sentirlo. Estaba rodeándolos, estaba muy cerca,
pero nadie lo imaginaba.
Cenaron en un profundo silencio, en el cual se pudo haber escuchado el batir de las alas de una mosca, en el caso que hubiera alguna volando en esos momentos cerca de la mesa. Pero no era un silencio incómodo, al contrario, era un ambiente cálido y confortante, muchas veces no se necesitan palabras para que una reunión sea agradable, basta que el acompañante sea alguien que te sientas cómodo, las palabras se vuelven un adorno innecesario. En algún momento los ojos de la joven se posaron en una fotografía que estaba en el estante, que rememoraba ciertos detalles de aquella mujer que alguna vez vivió con ellos. Allí se veía una mujer de rostro redondeado, cabello largo y castaño claro, pestañas largas, nariz respingada, piel de apariencia suave y amable semblante. Era innegable que Kira se parecía muchísimo a su madre, aunque, las diferenciaba que ella tenía el cabello corto y castaño oscuro, su piel era de una tonalidad un poco más oscura y Kira era varios centímetros más alta. Sus ojos reflejaron perdida al rememorar que su querida madre hacía tiempo se había ido y los había dejado a ellos atrás.
Cenaron en un profundo silencio, en el cual se pudo haber escuchado el batir de las alas de una mosca, en el caso que hubiera alguna volando en esos momentos cerca de la mesa. Pero no era un silencio incómodo, al contrario, era un ambiente cálido y confortante, muchas veces no se necesitan palabras para que una reunión sea agradable, basta que el acompañante sea alguien que te sientas cómodo, las palabras se vuelven un adorno innecesario. En algún momento los ojos de la joven se posaron en una fotografía que estaba en el estante, que rememoraba ciertos detalles de aquella mujer que alguna vez vivió con ellos. Allí se veía una mujer de rostro redondeado, cabello largo y castaño claro, pestañas largas, nariz respingada, piel de apariencia suave y amable semblante. Era innegable que Kira se parecía muchísimo a su madre, aunque, las diferenciaba que ella tenía el cabello corto y castaño oscuro, su piel era de una tonalidad un poco más oscura y Kira era varios centímetros más alta. Sus ojos reflejaron perdida al rememorar que su querida madre hacía tiempo se había ido y los había dejado a ellos atrás.
— Mamá
era tan hermosa – dijo casi como un suspiro, recordando a aquella mujer que
tanto la amó y que vivirá para siempre en sus recuerdos.
— Sí.
Ella lo era. –dijo el hombre con una triste sonrisa– Pero ella es un ángel más
en el cielo –mira al techo raso de color beige carcomido por el paso de los
años, queriendo confirmar lo
anteriormente dicho y recordando la forma de ser de aquella buena mujer en
vida, la única mujer que ha amado, además de su propia madre y su hija. -Eres
tan parecida a ella -dijo él mientras que
sonreía mirando a la muchacha- Si tú también te hubieras con ese
accidente, yo….
El
hombre deja de hablar y cambia su
expresión triste a una más reconfortante “Gracias a Dios no fue así”.
*Esto es una parte del capitulo 1.
Gracias a las personas que han leído esto.